Reflexiones NAZAR

Historias que dejan huella

Un espacio semanal donde cada viernes compartimos historias que dejan huella.

Reflexiones NAZAR es nuestro encuentro semanal con la palabra que sana, con las vivencias que nos atraviesan y con los aprendizajes que nacen del acompañamiento terapéutico. Cada viernes abrimos una ventana para compartir relatos reales, reflexiones profesionales y miradas humanas sobre el bienestar emocional, el neurodesarrollo, la crianza y el cuidado de la salud mental.

Nuevo capítulo · cada viernes
Nuevo capítulo

Las tormentas también terminan

Joven conduciendo junto a su padre bajo una fuerte tormenta, mientras un rayo de luz se asoma al horizonte

Una joven conducía junto con su padre y se toparon con una tormenta. La joven le preguntó a su padre: ¿Qué debo hacer? Su padre le dijo:

—Sigue conduciendo.

Los carros empezaron a orillarse, la tormenta estaba empeorando. ¿Qué debo hacer papá? —"Sigue conduciendo", respondió su padre.

Más adelante, un tráiler también se estaba orillando. Ella le dijo:

—¿Papá, debo detenerme? ¡Es terrible y todo el mundo se está deteniendo!
—No, sigue conduciendo —respondió su padre.
Palabras del padre

Ahora la tormenta era más fuerte, pero ella obedeció a su papá, y pronto pudo ver claro más adelante. Después de un par de kilómetros volvió a estar en una zona tranquila, calmada y con el sol.

Su padre le dijo: "Ahora puedes parar y salir". Ella dijo: "¿Pero por qué ahora?"

Él le dijo: "Cuando salgas, mira atrás, todas las personas que se rindieron todavía están en la tormenta, tú no te rendiste y tu tormenta ha quedado atrás".

No todas las tormentas duran para siempre.

Auto emergiendo hacia un paisaje soleado y tranquilo después de la tormenta
Mensaje

Hay momentos en los que sentimos que no podemos más, que todo se vuelve confuso y que avanzar cuesta más de lo usual. Pero atravesar una etapa difícil no significa que estés retrocediendo.

A veces avanzar significa continuar; otras veces, detenerte, respirar, pedir ayuda y recuperar fuerzas. No tienes que atravesar tu tormenta en soledad.

"Recuerda: lo que estás viviendo hoy no define cómo será tu mañana. Sigue a tu ritmo. Cuida de ti. Y confía en que también habrá días de calma."

— Reflexión Final · Las tormentas también terminan

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¿El amor se acaba o se deja de cuidar?

Un anciano sabio sentado bajo un árbol en un jardín en calma, escuchando con serenidad

Un esposo fue a visitar a un sabio consejero y le dijo que ya no quería a su esposa y que pensaba separarse. El sabio lo escuchó, lo miró a los ojos y solamente le dijo una palabra:

—Ámala.

Luego guardó silencio.

—Pero es que ya no siento nada por ella.
—Ámala —repuso el sabio.

Y ante el desconcierto del señor, después de un oportuno silencio, el viejo sabio agregó:

Palabras del sabio

—Amar es una decisión, no un sentimiento. Amar es dedicación y entrega; amar es un verbo y el fruto de esa acción es el amor.

El amor es un ejercicio de jardinería: arranca lo que le pueda hacer daño a tu jardín, prepara el terreno, siembra, sé paciente, riega y cuida. Prepárate porque habrá plagas, sequías o excesos de lluvias; mas no por eso abandones tu jardín.

Cuidar es también una forma de amar.

Manos regando un jardín florecido, símbolo del amor que se cultiva día a día
¿Sentimiento o decisión?

Tendemos a pensar que el amor es una emoción que llega y se va, pero la verdadera magia está en entender que amar es una elección diaria.

Al igual que un jardín, las relaciones necesitan riego, paciencia, cuidado y protección ante las tormentas. No abandones lo que construiste solo porque cambió la estación: aprende a cultivarlo de nuevo.

"El amor no se acaba: se deja de cuidar."

— Reflexión Final · ¿El amor se acaba o se deja de cuidar?

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El pescador satisfecho

Pescador tranquilo recostado en su barca al atardecer, fumando una pipa en medio de un lago sereno

El rico industrial del pueblo se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado en su barca y fumando una pipa.

—¿Por qué no has salido a pescar? —le preguntó el industrial.

—Porque ya he pescado suficiente por hoy —respondió el pescador.

—Y, ¿por qué no pescas más de lo que necesitas? —insistió el industrial.

—¿Y qué iba a hacer con ello? —preguntó a su vez el pescador.

—Ganarías más dinero, de ese modo podrías poner un motor a tu barca, entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces; entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas y hasta una verdadera flota; entonces serías rico como yo.

La pregunta esencial
—¿Y qué haría entonces? —preguntó de nuevo el pescador.

—Podrías sentarte y disfrutar de la vida —respondió el industrial.

—¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? —respondió satisfecho el pescador.

El pescador ya tenía todo lo que necesitaba: el sol, el agua, su barca y el tiempo para saborear el presente.

Industrial sorprendido junto a la barca del pescador en la orilla al amanecer
Mensaje

Vivimos persiguiendo metas, creyendo que la felicidad llegará cuando tengamos más. El bienestar también nace de valorar el presente y encontrar equilibrio.

"Cuidar la salud mental es aprender a crecer sin dejar de vivir."

— Reflexión Final · El pescador satisfecho

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El caballito que temía caer

Un caballo adulto y un pequeño potro caminando juntos al amanecer en un prado sereno

Cuentan que cierto día, estaban en el bosque un caballo y su pequeño hijo. Ambos gustaban de correr sin rumbo fijo, sólo por el placer de sentir el cálido aire sobre sus cabezas. Padre e hijo disfrutaban mucho de estas carreras y de compartir sus conversaciones que tanto bien hacían a ambos.

Una mañana salieron como era su costumbre a correr, muy felices porque era un día espléndido, cuando de repente el pequeño caballo tropezó y cayó rodando. Su padre se detuvo de inmediato y volvió sobre sus pasos para ver qué le había sucedido.

—Siento que no podré volverme a levantar, me siento muy lastimado de una pata —dijo el pequeño, muy asustado.

—Hijo, debes levantarte, ¿acaso te has roto algo?

—Padre, creo que no me he roto nada, sin embargo, un caballo nunca se cae y cuando lo hace, le resulta sumamente difícil levantarse.
Palabras del padre

—Hijo, estás equivocado. Algunos animales como nosotros caen, pero vuelven a levantarse, y tú te levantarás porque no tienes nada roto. Tu voluntad hará que te levantes y vuelvas a caminar y a correr como siempre lo has hecho. No permitas que tu mente te haga tomar una decisión equivocada, creyendo que porque has caído no podrás levantarte.

Además, yo te ayudaré a hacerlo, porque yo precisaré de tu ayuda cuando caiga y necesite levantarme igualmente.

—Pero padre, ¿cómo podría yo ayudarte a levantar si soy tan pequeño?

—Hijo, no se necesita fuerza física para dar esa clase de ayuda, sólo se requiere un gran amor. Sentirnos apoyados por nuestros seres más queridos es lo que nos sostiene. Yo te amo mucho y por esa razón te digo que te levantes, porque todavía tenemos muchos caminos que recorrer juntos.

Y nuestro pequeño caballito se levantó, se sacudió el polvo, empezó a caminar junto a su amado padre y pronto empezaron a correr como era su costumbre.

Pequeño potro descansando sobre el pasto mientras un caballo mayor lo mira con ternura en un claro del bosque
Mensaje

Caerse no es lo importante, lo importante es levantarse cuantas veces sea necesario.

"Acompañar a nuestros hijos —o a nuestros seres queridos— en sus caídas no significa evitar que tropiecen, sino estar ahí para validar su miedo y recordarles que no necesitan ser gigantes para sostenernos también a nosotros con su amor."

— Reflexión Final · El caballito que temía caer

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El camello número 20

Caravana de camellos descansando en el desierto bajo la luz de la luna, junto a estacas de madera clavadas en la arena

Había una vez un árabe que viajaba de noche. Sus esclavos, a la hora del descanso, se encontraron con que no tenían más que 19 estacas para atar a sus 20 camellos. Cuando consultaron al amo, este les dijo:

—Cuando lleguen al camello número 20, simulen que clavan una estaca y así creerá que está atado.

Así lo hicieron y, a la mañana siguiente, todos los camellos estaban en su sitio, incluso el número 20 al lado de la estaca imaginaria.

Al desatarlos para marcharse, todos se pusieron en movimiento menos el número 20, que seguía quieto sin moverse. Entonces el amo dijo:

—Hagan el gesto de desatar la estaca de la cuerda, pues él aún se cree atado.

Así lo hicieron, y el camello entonces se paró y se puso a caminar con los demás.

Mensaje

Cuántas veces, como el camello número 20, seguimos atados a cuerdas que ya no existen: creencias heredadas, miedos antiguos, voces que un día nos dijeron lo que podíamos o no podíamos hacer.

Vivimos quietos frente a estacas imaginarias, esperando un permiso que nunca llega, sin notar que la cuerda se desató hace mucho tiempo.

Cuéntame, ¿cuáles son las falsas ataduras que te impiden ser tú mismo?

Camello libre caminando en el desierto al amanecer, sin ninguna atadura

"Atrévete a soltar las cuerdas que ya no están. La libertad empieza el día en que dejas de creerte atado."

— Reflexión Final · El camello número 20

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El Sendero Florecido

Anciano aguador caminando al amanecer con dos vasijas de arcilla colgando de un poste de madera sobre sus hombros

Cada mañana, justo cuando los primeros destellos del sol comenzaban a filtrarse entre las hojas de los árboles, un anciano aguador se encaminaba hacia el río del pueblo. Sobre sus cansados hombros sostenía un resistente poste de madera, del cual pendían dos vasijas de arcilla a cada extremo.

Una de ellas era impecable, fuerte y mantenía el agua intacta; la otra, marcada por el paso de los años, poseía una pronunciada fisura que dejaba escapar el líquido de manera constante a lo largo de todo el trayecto de regreso.

Durante mucho tiempo, la rutina se repitió de manera idéntica. El hombre llenaba ambos recipientes en la orilla del río y emprendía la caminata hacia su hogar. Sin embargo, al completar la jornada, la vasija perfecta entregaba su carga intacta, mientras que la vasija agrietada apenas lograba conservar la mitad del agua.

Con el paso de los días, la vasija agrietada comenzó a albergar un profundo sentimiento de desdicha y vergüenza.

—Estoy defraudando a mi protector —se lamentaba en silencio, mientras contemplaba las gotas que resbalaban irremediablemente por su costado.
Mensaje

Una mañana, incapaz de contener la tristeza que la embargaba, la vasija habló al anciano:

—Por favor, te ruego que me disculpes… Siento que mi imperfección te hace perder el fruto de tu arduo esfuerzo. Deberías deshacerte de mí y conseguir una vasija nueva que cumpla bien su labor.

El anciano se detuvo, la contempló con una mirada llena de bondad y dibujó una tierna sonrisa en su rostro.

—¿De verdad piensas que tu andar ha sido en vano? En nuestro regreso a casa, te pido que observes con atención el suelo que recorremos.

La vasija descubrió un paisaje asombroso: a todo lo largo de su lado del camino, una alfombra de flores de infinitos colores se mecían suavemente con la brisa de la mañana, mientras que el lado opuesto permanecía completamente árido.

—Hace ya bastante tiempo que esparcí semillas en esta orilla —explicó el anciano—. Sabía muy bien cuál era tu condición, y confié en que regarías este suelo cada día con el agua que dejabas caer. Gracias a tus grietas, este sendero se ha llenado de belleza y vida.

Sendero campestre con flores de colores floreciendo a lo largo del camino, mientras el otro lado permanece seco

"Nuestras imperfecciones y vivencias particulares son las que nos vuelven únicos, permitiéndonos sembrar una belleza inesperada y transformar de manera positiva el camino que compartimos con el mundo."

— Reflexión Final · El Sendero Florecido

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Las alas que no sabía que tenía

Ilustración de un águila volando libre sobre las montañas mientras una gallina observa desde el corral

Cuenta una historia que, un día, un campesino encontró un huevo extraño en el campo. Sin saber de qué ave era, decidió colocarlo junto a los huevos de sus gallinas. Con el tiempo, nació una pequeña ave y creció rodeada de pollos. Aprendió a escarbar la tierra, a buscar alimento entre el pasto y a vivir como todos los demás animales del corral.

Pasaron los años y, aunque era diferente, nunca se cuestionó por qué. Había aprendido que aquella era su vida y que no podía aspirar a nada más.

Un día observó una gran ave volando libremente entre las nubes. Admirado por su fuerza y elegancia, preguntó:

—¿Qué ave es esa?
—Es un águila —respondieron—. Puede elevarse por encima de las montañas y recorrer grandes distancias. Pero no te preocupes por eso, tú no eres como ella.

El ave guardó silencio y continuó con su rutina de siempre. Nunca intentó extender sus alas ni descubrir de lo que era capaz.

Vivió toda su vida creyendo que era algo que en realidad nunca fue.

Mensaje

No siempre somos conscientes de nuestras capacidades. A veces crecemos rodeados de límites que terminamos creyendo propios.

Recuerda: tu historia no tiene por qué estar definida por tu entorno, sino por el valor que tengas para descubrir quién eres realmente.

No naciste para vivir según tus miedos, sino para crecer según tu potencial.

Águila volando libre sobre las montañas al amanecer

"Crecer también es descubrir capacidades que siempre estuvieron dentro de nosotros."

— NAZAR, Servicios Psicológicos y Neuropsicológicos

Próximamente más historias que dejan huella

Cada viernes publicaremos una nueva reflexión. Vuelve pronto y acompáñanos en este recorrido de palabras que inspiran.

Cada viernes · NAZAR